Biografía
Paco Merino (1948-2004), artista autodidacta, dejó un recuerdo profundo entre sus incontables amigos. Su personalidad, abierta y de enorme sensibilidad humana, hizo de Paco una persona profundamente querida. Su versatilidad artística, experimentando continuamente con distintas técnicas, y su constante búsqueda de nuevas fórmulas expresivas, jugando con texturas, colores y formas, mostraban una tensión artística y creativa que despertaba admiración. Aunque algunos han intentado silenciar su contribución, la crónica artística y cultural de Granollers de los últimos treinta años no puede explicarse sin la figura de un francotirador como Paco Merino.




Paco Merino Pavo nace en Ribera del Fresno (Badajoz) el 16 de febrero de 1948, en el seno de una familia numerosa.
Se inicia en el dibujo y la pintura desde muy pequeño. Paco ayuda a sus padres, José y Pura, en las tareas del campo. Pero el matrimonio intuye las pocas posibilidades de futuro de su hijo en Extremadura y decide enviarlo a Menorca, donde viven sus tíos. Allí pasará Merino once años, trabajando en un negocio de productos lácteos propiedad de su tío.
En Menorca cursa estudios de dibujo en el Ateneu de Maó, aunque su formación será totalmente autodidacta, siempre marcada por un gran afán experimentador. Su primera exposición llegará en 1967, en el Ateneu de Maó.




En 1971 vuelve a trasladarse, esta vez para fijar su residencia en Granollers. Piensa que establecerse cerca de Barcelona lo relacionará mucho más con la escena artística catalana que la insularidad y el aislamiento de la pequeña isla balear.
Merino vivirá a caballo entre Granollers y el barrio de La Torreta de La Roca del Vallès, donde se establecerán sus padres. Es un entorno que ya no abandonará.
Merino inicia una etapa creativa más experimental, combinando la exploración pictórica con montajes realizados con los elementos más insospechados. Prueba de ese afán experimentador es que en 1973, con 25 años, participa en la IX Biennal de Terrassa y al año siguiente obtiene el segundo premio en la tercera edición del Concurs d'Art Jove Ciutat de Granollers, abierto al arte conceptual de la época.




Desde 1971 participa en casi todas las muestras colectivas organizadas en la ciudad.
De hecho, durante la década de los setenta Merino es una figura destacada de la vida asociativa granollerense y de su efervescente escena cultural. En 1973 es miembro fundador del colectivo artístico Art Granollers y se suceden las acciones de grupo bajo esa divisa.




A finales de 1975 Merino aseguraba haber estampado ya su firma en unas 800 piezas. Unos meses antes, en verano, reúne su producción más destacada y organiza una primera exposición antológica titulada Paco Merino, cuatro años de pintura en Granollers. La cincuentena de obras seleccionadas puede contemplarse en la Sala Sant Jordi.
El afán de Paco Merino no es solo el de la realización personal, sino también el de la divulgación del arte y la educación plástica: educar la mirada de un espectador poco habituado a las formas del arte contemporáneo.
Eso lo lleva a participar en muchos proyectos pedagógicos del Centre Comarcal de Teatre, en talleres de introducción a la plástica para escolares de centros públicos de Granollers y de la comarca, en escuelas de verano y también en el Institut del Teatre de Barcelona.




También se suceden las exposiciones individuales y colectivas. Poco dado al ambiente de las galerías de arte, Merino combina sin complejos las salas convencionales con los bares y restaurantes que frecuenta habitualmente.
Tras la experiencia del colectivo Art Granollers, inaugura la década de los ochenta creando con otros once compañeros la Associació d'Artistes Moderns de Granollers. El bautizo tiene lugar en un ciclo de presentaciones en el que se ponen a la venta los dos primeros números de una publicación editada por la asociación, bautizada como Els Isards.




A finales de 1980 recibe uno de los pocos reconocimientos «oficiales» a su trabajo: Merino es galardonado con el Primer Premi Fornells Pla-Vallès Oriental, en el certamen instituido ese mismo año por el Ayuntamiento de La Garriga.
Merino es poco amante de los concursos artísticos (solo concurrió a cuatro) y se muestra contrario a la cultura y el arte oficialistas. En cambio, su compromiso sí lo lleva a participar en numerosas iniciativas colectivas de marcado carácter reivindicativo.
En el invierno de 1984 Merino vuelve a sus raíces en la isla de Menorca, donde pasa una larga y fructífera estancia de nueve meses.




Acto seguido, en el verano de ese mismo año, se traslada a Logroño, donde participa en la quinta edición del Festival de Teatro como director de plástica de varios talleres de acción y animación teatral. En La Rioja descubre la que será una fructífera relación con el mundo de la escena, un lenguaje al que Paco Merino se acercará con mucha asiduidad.
Posiblemente la culminación llega con la creación de la escenografía de dos obras de teatro en Madrid: Mala hierba, presentada en el Teatro Reina Victoria de Madrid en 1988, y Gracias abuela, estrenada en el Teatro Real Coliseo de Carlos III de San Lorenzo de El Escorial en 1989 y representada también en el Teatro Príncipe ese mismo año.




En el verano de 1992 reencontramos a Merino en Menorca. El resultado de esa nueva estancia se plasmará un par de años más tarde, a comienzos de 1994, cuando el pintor protagoniza su segunda gran exposición en Granollers, en la galería de arte AB. Muestra una selección de cuadros en el límite de la abstracción, inspirados en los escenarios menorquines.
En 1996 forma parte de la selección de artistas locales que protagonizan el proyecto Berlin in Katalonien, un intercambio cultural entre Granollers y Berlín. Su aportación puede contemplarse en la Rathaus-Galerie Reinickendorf de la ciudad alemana. Será su primera y única experiencia internacional.
Continúa la relación de exposiciones individuales y colectivas en los espacios más variados.
A finales de 2002 se constituye el Grup Pro Art Paco Merino, un colectivo formado por familiares y amigos con el objetivo de conservar y difundir la obra del artista, caracterizada por una producción ingente y dispersa.
El artista muere finalmente el 11 de agosto de 2004, a los 56 años, tras una larga enfermedad.
Su última obra es la edición de una carpeta destinada a los miembros del grupo. Contiene tres litografías que el pintor ultima durante los últimos meses de la enfermedad, acompañadas de una selección de textos de amigos. Se cumple así una de las últimas voluntades de un artista que trabajó con los pinceles hasta el final.